Inglaterra y realeza son dos palabras fáciles de unir, escribir sobre la monarquía británica viene al caso porque ayer ocurrió uno de los actos protocolarios más importantes dentro de las tareas del monarca británico, el llamado Queen’s Speech o Gracious Address.
Se trata del discurso que el soberano dirige a los miembros del Parlamento y en el que establece la agenda legislativa cada año.
A pesar de que es común pensar la figura del o la monarca, en este caso la Reina Isabel II (quien lleva 58 años en el trono), como un mero adorno dentro del gobierno de la Gran Bretaña, el peso de este tipo de actos indica lo contrario.
El Discurso de la Reina es la pieza inicial del trabajo Parlamentario en este país; es además, una ceremonia que conjunta tradiciones de siglos atrás, por ejemplo: todo comienza con la búsqueda de pólvora en los sótanos del Palacio de Westminster, un gesto que se generó después del famoso Gunpowder Plot de 1605 (sí, al que se hace referencia en la novela gráfica y película “V for Vendetta”), por otro lado, el que el acto se lleve a cabo en la Cámara de los Lores y no en la de Comunes también tiene su origen en el siglo XVII, cuando se prohibió la entrada al monarca en la segunda después de que en 1642 el Rey Carlos I irrumpiera en ella para arrestar a cinco de sus miembros, la lista sigue y es interesante.
Claro que no debe ignorarse el hecho que el discurso no es escrito por la Reina, sino por el gobierno en turno, como tampoco el que la determinación de qué entra o no en él, da paso a una porfía entre los ministros y los grupos parlamentarios para lograr que sus propuestas entren en la agenda legislativa.
Sin embargo, esto no se opone al hecho de que la ceremonia tiene un peso especial y definitivo en la forma de hacer política de los británicos y la Reina es el centro. Además, la parafernalia del acto (corona, trono, guardias, carruajes, coreografía, etcétera), aunque que se asegura que las prácticas más arcanas se han eliminado o simplificado, es majestuosa e incontestable.
Para una mexicana –quiero pensar que para todo mexicano pero no lo puedo afirmar- ver la transmisión ayer fue algo impresionante y me llevó inevitablemente a pensar en México; la comparación arrojó diferencias claras, podría decirse que hasta evidentes, pero más allá una extrañeza que exige profundizar…, lo cual tomará mucho tiempo aunque no hay problema, aquí eso se da bien, porque hoy de nuevo el cielo es gris y la lluvia amenaza.
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